UN ADIOS
Gracias a todos por estar compartiendo con nosotros un momento tan difícil como este. Es muy duro, pero vuestra compañía hace que sea menos complicado. Nunca antes costó tanto escribir.
Un 30 de septiembre de 1935 nació un gran personaje, hijo de maestra y funcionario Se crió en una época complicada en España marcada por la escasez y la tristeza. Aún así es niño feliz que siguiendo una de las características de su vida, la determinación. Estudió con éxito entre los colegios del Pilar y el Calasancio en Madrid hasta llegar a la facultad de Medicina. Hoy hay aquí compañeros de Papa de aquella época, que seguro que os parece que fuera ayer.
Al finalizar sus estudios y alcanzar su vocación, ser médico, se hizo pediatra sabiendo que el cuidado de los niños completaría sus deseos profesionales. Pero tras años de desempeño excepcional como pediatra, quiso ir más allá, con lo que completó su formación como Neurólogo y Psiquiatra, ya que en aquel tiempo ambas especialidades iban de la mano.
Dedicado durante años al cuidado de los más débiles entre los débiles, inició varios proyectos de envergadura y desconocidos hasta la época tanto en España como en Hispano-América en Psiquiatría y Psicología, destacando los realizados en educación especial. Entre ellos ayudó a hacer realidad el Instituto de Psicopediatría, que hoy lleva su nombre y sirve para inmortalizar más aún su memoria.
Ha sido el Psiquiatra de los Niños; ¿Quién conoce algún psiquiatra infantil anterior en el tiempo al Dr. Quintero Lumbreras?, sin duda uno de los Padres de esta especialidad. Asistió a más de 25.000 pacientes en su dilatada carrera profesional, que se dice pronto.
Vivió su profesión con pasión. Para él la medicina era una ciencia, pero también un arte, basada en la observación y la escucha, aderezado con unas inexcusables dosis de conocimiento científico.
En los años ´80 asumió el complejo reto de participar del renacimiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá. Durante muchos años dio las clases en pabellones prefabricados, donde se pasaba mucho frío en invierno, y como no, calor en el estío. Pero aún así defendía que para enseñar sólo eran necesarias dos cosas, alguien con ganas de enseñar y alguien con ganas de aprender y el siempre estaba dispuesto a enseñar, así que aquellos dispuestos a aprender encontraron en el Profesor una gran oportunidad para aprender, la ciencia Galénica y el arte de su práctica.
En la entrada de su despacho donde recibía a los pacientes siempre ha estado y estará el mismo cuadro, un médico observando a una niña enferma y en el fondo unos padres preocupados. Eso le servía para recordar cada vez que entraba con un nuevo paciente la importancia de la reflexión, que es lo que hacen ser útil, y no ya sólo bueno, a un médico.
Abnegado trabajador, no se jubiló hasta el ocaso de sus días, y solo unas semanas antes de su última enfermedad estaba visitando pacientes.
Sus pacientes, porque de verdad que eran suyos, fieles a lo que el Dr. Quintero Lumbreras les decía, a las recomendaciones que les daba y a los tratamientos que prescribía. Muchos nos han hecho llegar sus condolencias y permitidme leeros una.
Que no hablar de su equipo donde ha conseguido la cohesión y la fidelidad como estandartes de las relaciones humanas. Gente que “lleva toda la vida”, trabajando junto a él.
La vida profesional de un médico se sustenta en tres patas, la asistencia, la docencia y la investigación. Pero la vida de un médico se sustenta en otros puntos de apoyo, la vida profesional por supuesto, pero también la familia y los amigos.
En la vida profesional no se encuentran “peros” a la asistencia y no quiero redundar en los fríos números. En cuanto a la vida docente a la que dedicó gran parte de sus mejores años, obtuvo el reconocimiento que más le importó, el de sus alumnos, entre los que tengo el honor de contarme.
En la búsqueda del aspecto global faltan 2 pilares, uno el familiar. Clave y fundamental ha sido el cuidado de su familia. Sería fácil decir que es (fue) un padre excepcional, pero permitirme la transcripción de un mensaje que me llegó el día que falleció Papa; “Javier has tenido la suerte de tener como Padre a la mejor persona del mundo. Estoy muy triste pero me siento afortunada de haberle conocido.” Había muchos otros que destacaban la labor de mi Padre, pero ese papel me lo reservo para mi.
Mi Padre, no sé si es (fue) el mejor del Mundo, pero desde luego completó su trabajo de manera excepcional. Disciplinado cuando era necesario, cariñoso como el que más, nunca busqué en él cobijo y no lo encontré. Lo mejor que un Padre puede legar a unos hijos es una educación y una formación y el la cuidó hasta el mínimo detalle, la trató con mimo y no puedo estarle más agradecido. Yo soy, lo que mi Padre me enseñó a ser, es responsable de mis virtudes, no así de mis defectos que son el resultado de no haber prestado más atención a sus enseñanzas.
Y mi hermana, especial como la que más, mi Padre ha luchado junto a ella, para romper las barreras que la Naturaleza la había propuesto.
Además de padre, fue esposo. Mi Madre, dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, en este caso más bien colosal. 45 años de matrimonio sellan una relación con la hija de un marino, la 8ª de 10 hermanos. Crecieron juntos, y sin mi madre a su lado, mi Padre no hubiera llegado donde llegó.
Hablemos de los amigos se seguía reuniendo con muchos de ellos, hoy estáis muchos aquí. Entre las coronas de su velatorio la palabra “hermano” se repetía en multitud de ocasiones, a pesar de solo tener una hermana. Mi padre no le era indiferente a la gente. Así los que le han querido, lo harán siempre y los que no, han perdido una gran oportunidad de conocer a un gran hombre.
Para mí el mundo es un compendio de emociones, eso dicen que le pasa a todos los niños que sentimos más que analizamos. A lo largo de mi vida me he encontrado en multitud de ocasiones donde he sido capaz de sentir el cariño de terceras personas hacia mi padre a través mio. Es una sensación compleja, eres una persona emocionalmente neutra, hasta que te saben el hijo de tu Padre, es ese momento eres capaz de sentir el calor, el afecto, en definitiva el amor, que no es tuyo, simplemente te lo han prestado por ser el hijo de mi Padre.
Pero Papa se apagó. Como lo hacen los grandes, luchando durante días contra un fallo multiorgánico. Tenía un corazón enorme, tan grande que le empezó a fallar hace ya muchos años. Dejó de fumar tras el infarto pero relajó sus cuidados, de manera que quedó con una mala salud de hierro. El corazón le ha dado problemas en los últimos años, hasta que el 24 de marzo de 2008 a las 12:00 no aguantó más y se paró definitivamente.
Ha tenido una vida plena en lo profesional, en lo personal y en lo familiar, al menos eso creemos los que más cerca de el hemos estado y le queremos. Llevaba mas de un año con una cierta limitación física, de nuevo su corazón delicado, no le permitía grandes esfuerzos, la verdad es que tampoco los pequeños. Pero seguía trabajando, dirigiendo su clínica y guiándome en el camino.
Ha disfrutado de sus nietos, 2, un Javier y “esa niña” que se llama Macarena. Pero se ha perdido tantas cosas, verles crecer por ejemplo, las próximas Navidades o los siguientes cumpleaños, el ver este verano como nada su nieto. Quizás vea todo esto desde un sitio mejor, con un corazón nuevo, o mejor con el suyo, que no se lo quite nadie.
En el fondo somos los demás los que nos quedamos “huérfanos” , huérfanos de su compañía, de sus consejos, de sus abrazos, … Hasta, me parece ayer, le daba a leer cualquier carta, escrito o informe que hacía, para que me diera su parecer, para mi fundamental. La experiencia acumulada en estos años a su lado, ya no como hijo, sino como discípulo, es clave.
Como hijo, me he quedado huérfano de Padre, del mejor Padre del Mundo. Papá no hace una semana que te has ido y ya me parece una eternidad. No sabes como te echamos de menos. Aún me faltaban una o dos mil conversaciones contigo. La última vez que hablamos, lo hicimos de tu tos y de los pródromos de tu última enfermedad. No me pude despedir como Dios manda, decirte lo mucho que te he querido, quiero y querré siempre. Lo absolutamente importante que has sido, eres y serás en mi vida.
No te digo que te vas cuando más te necesitaba, porque no se lo que necesitaré en un futuro, lo que si tengo claro es que ahora te necesitábamos mucho. Como sabes empiezo una nueva etapa de mi vida profesional donde tus consejos eran básicos.
La vida no es justa, sé que esto no descubre nada nuevo pero es la cruda realidad. Tras el fallecimiento de un ser querido, nos limitamos a velarle, el cementerio, ceremonias, pero la vida sigue, y lo hace sin el. Es (era) un hombre Cristiano y se ha cuidado de mantener sus sacramentos al día. Seguro que Dios lo tendrá a su lado.
Eso me lleva a la esencia de la vida, nos vamos como nacemos, esperemos que después de una vida larga y plena, pero ¿que nos llevamos?. Lo importante es el recuerdo que dejamos en los que nos quieren … y ese es imborrable.
En palabras de San Agustín, “si me amas no llores…me he librado de las ataduras de este mundo para entrar en otro mejor”. Papá, te he querido, te quiero y siempre te querré. Espero estar a la altura de las circunstancias y seguir siendo un orgullo para ti, allí donde estés. Tu memoria estará viva en mi.
Solo rogar a Dios que te acoja en su seno y que te guarde el descanso eterno.
Tu Hijo, Javier.