ANTIDEPRESIVOS EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA.

De forma reciente se ha abierto una polémica, a nuestro criterio excesiva, en torno al uso de ciertos fármacos en niños y adolescentes. En las próximas líneas procuraremos aclarar lo ocurrido y ofrecer más información a los padres y adolescentes para un completo y correcto juicio de valor.

Si bien durante las primeras décadas del siglo XX se ponía en duda la posibilidad de que los niños pudieran sufrir depresiones, este hecho es hoy incuestionable. De forma paralela en medicina se ha ido investigando en las diferentes alternativas terapéuticas para el tratamiento de los síndromes depresivos en la infancia y la adolescencia, es decir tratamiento psicofarmacológicos y psicoterapéuticos.

Los primeros tratamientos disponibles fueron los Inhibidores de la monoaminooxidasa ( IMAOs ), que resultaron ser eficaces, pero con problemas de tolerancia y efectos secundarios, e incluso con limitaciones en la combinación con algunos alimentos.

Luego llegaron los llamados antidepresivos Tricíclicos, denominados así por su estructura química. Por su mejor tolerancia, que no buena, y presentar menos limitaciones que los IMAOs, se convirtieron en los tratamiento de elección. Sus principales inconvenientes los tienen una vez más en su tolerancia, dado que presentan un perfil de efectos secundarios, o adversos, bastante amplio e incluso un potencial de riesgo en caso de sobredosificación.

A principios de los años 90 aparecen los Inhibidores de la recaptación de Serotonina (ISRS) , sobre los que hoy recae la polémica. Estos fármacos desde su inicio presentaban una efectividad similar, mejor tolerancia y sobre todo un perfil de seguridad más amplio que los fármacos anteriormente descritos. Dadas estas bondades iniciales se comenzaron a estudiar en niños y adolescentes, con resultados iniciales más que satisfactorios. Así en 1996, se presentó el primer estudio que demostraba que un antidepresivo (la fluoxetina) era eficaz en el tratamiento de la depresión en los niños, utilizando una metodología adecuada y rigurosa (estudio doble ciego), ya que con anterioridad los estudios con principios como los triciclicos, habían sido no concluyentes, o metodológicamente incorrectos, o simplemente no se habían realizado. Durante estos años, han sido muchos los trabajos publicados en congresos y revistas científicas avalando el uso de los nuevos tratamientos en menores.

Desde hace unos meses, se destapa la polémica por un estudio realizado con la Paroxetina y su relación con un mayor riesgo de conductas suicidas. Desde entonces la FDA (Organismo regulador en USA) y las Agencias Europeas, han publicado cartas y recomendaciones, que han terminado en la publicación hace unos días, desde el Ministerio de Sanidad, de la recomendación de no prescribir estos tratamientos en los adolescentes, pero sin ofrecer otras alternativas para el abordaje práctico de los cada vez mas frecuentes episodios depresivos en los niños y adolescentes.

La AACAP (Asociación Americana de Psiquiatría Infanto-Juvenil) en respuesta a esta polémica ha publicado recientemente un amplio informe que revisa la situación Sin perder la razonable cautela que debe preceder a todo acto médico, y máxime si se trata con menores, inciden en los datos que avalan el uso de estos fármacos, insistiendo en sus precauciones de uso.

Todo aquel que ha trabajado en Salud Mental, sabe que la depresión lleva inherentemente un aumento en el riesgo de conductas suicidas, de hecho en las principales clasificaciones diagnósticas y en los criterios para diagnosticar los síndromes depresivos, aparecen las ideas de muerte y/o suicidas. A esto debemos añadir que uno de los rasgos que definen la adolescencia es la impulsividad, que junto con las ideas de muerte, pueden facilitar la comisión de gestos contra uno mismo.

Otro punto importante a valorar, es que la muerte por suicidio, es la tercera causa de muerte en la adolescencia en los países desarrollados . Y que según un reciente informe de la OMS en 2003 en más de 15 países, se encontró una reducción significativa de las tasas de suicidios en adolescentes (en un 33% de media), coincidente con la introducción de los ISRS.

Dentro de las alternativas que, una vez retirados los nuevos antidepresivos, se podrían utilizar, estarían los tratamientos farmacológicos clásicos anteriores o la psicoterapia, ambos útiles, pero en ningún caso mas seguros. De hecho la mayoría de las recomendaciones, se centran en un abordaje combinado (farmacológico y psicoterapéutico).

Esperamos que estas líneas, hayan ayudado a mejorar la información sobre los antidepresivos en la adolescencia y a calmar su posible ansiedad ante lo trasmitido por los medios de comunicación.

Ante cualquier duda, quedamos a su entera disposición.

 

Atentamente,

 

Dr. Francisco Javier Quintero

 


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