Skip to content

Clínica Dr. Quintero

Quiero contarte una historia:

Corría el año 1969. Diciembre. Ocho de la tarde. Y bajo las arboledas heladas de la madrileña “Colonia de El Viso”, se inauguraba oficialmente la primera Clínica de Psiquiatría Infantil en España.

Al frente, el Dr. Javier Quintero Lumbreras. Pediatra. Un hombre esforzado y sabio que, tras años de trabajo, acabó especializándose en Neuro-Psiquiatría para centrar su vida profesional en la atención integral del «niño diferente». Del incomprendido y el indefenso. Del más vulnerable.

En aquella España aún no existía el concepto de psiquiatría infantil. Ninguna especialidad al respecto. Los niños con dificultades mentales, de aprendizaje o comportamiento eran atendidos en las consultas de medicina y pediatría general. Muchos de ellos quedaban sin diagnóstico. Sin tratamiento adecuado. Sin solución. Y descolgados también, por sus diferencias, del contexto escolar.

En aquella España en blanco y negro de los años 60 la Clínica del Dr. Javier Quintero Lumbreras se convirtió en un lugar de peregrinaje al que numerosos médicos y otros pediatras comenzaron a derivar pacientes. Y a donde acudían en tropel cientos de padres con la esperanza de que aquel doctor visionario y pionero pudiera hacer algo por sus hijos. ¡Y vaya si lo hizo!

Porque en aquella clínica nacida al albur de las arboledas de “El Viso” -que en un principio se llamó “Instituto de Psicopediatría de Madrid”– los niños y jóvenes con dificultades no solo eran atendidos pormenorizadamente desde un punto de vista médico por el Dr. Quintero Lumbreras. También tenían la oportunidad de estudiar en sus aulas. De adquirir las destrezas necesarias para, en muchos casos, reincorporarse luego al sistema educativo -y a la vida- como niños y jóvenes perfectamente hábiles.

De aquel pediatra pionero devenido en psiquiatra infantil -al que más de una vez encontré estudiando en su despacho de madrugada- aprendí, como digo, muchas cosas. Una de las más importantes: la gran diferencia -en términos de neurodesarrollo- entre un preescolar, un niño, un adolescente y un adulto joven.

De su mano, gracias a su ejemplo, también aprendí que la paciencia, el cuidado, la atención y el constante estudio son los pilares maestros sobre los que se asienta el trabajo diario con niños y jóvenes en dificultades.

Todas esas enseñanzas me han acompañado a lo largo de mi carrera. Y continúan conmigo en mi trabajo diario en esta clínica. Que no es otra que aquella misma que echó a andar un frío mes de diciembre en “El Viso” gracias al impulso de un pediatra “lumbreras” con una titánica vocación de entrega y una revolucionaria visión científica.

El Dr. Javier Quintero Lumbreras no solo fue un adelantado a su tiempo. Fue, con diferencia, el Maestro del que aprendí las mejores lecciones. En la profesión y en la vida. Fue inspiración, enseñanza y ejemplo contantes. Y fue -y es- ante todo, mi Padre.

Con afecto,

Dr. Javier Quintero Gutiérrez del Álamo

Hemeroteca